Mire usted Señor A., márchese

Aún recuerdo esas clases, donde lo que existía era un monólogo por parte del profesor, donde la programación práctica era lo de menos y lo importante era pasar el tiempo para llegar a fin de mes y cobrar. Ahora nos preguntamos, ¿qué aprendimos en esas clases?, nada!!! Quizás la culpa sea nuestra por no reivindicar algo mejor, pero qué puedes hacer cuando el puesto que ocupa es fijo y además es un alto responsable de la entidad universitaria.
Sólo queda esperar que gane lo suficiente como para que deje de ejercer y dé paso a una nueva generación que transmita mayor ilusión y con ello las clases sean más provechosas.
La bodeguita
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